IMG-BLOG

Destrastar por Navidad

Marisa Morell | 02 de Noviembre de 2021 |

En alguna ocasión, ya he hablado del trastero y de lo poco feliz que me hace la definición que la RAE ofrece de esta palabra: “Dicho de una pieza o desván: Que está destinado a guardar los trastos que no se usan”.

El siguiente disgusto me lo llevo cuando consulto a la misma autoridad lingüística el significado de la palabra “destrastar” y me dice que no existe.

Buscando y rebuscando parece que en Chile si se utiliza con la siguiente acepción: “Sacar de una habitación o pieza los trastos”.

Ahí quería llegar yo. Con permiso o sin permiso de la Real Academia Española, pidiendo perdón a los puristas de nuestra lengua, pero yo hoy quiero sacar los trastos del trastero, me propongo “destrastar”.

Ni que decir tiene que uno de los mayores placeres que yo puedo experimentar no es, exactamente, “tirarle los trastos a alguien”. Ocurre en nuestro idioma, como en otros, que hay que tener cuidado con ciertas palabras o expresiones que pueden dar lugar a malentendidos si las interpretamos de forma literal o, en otros casos, por el uso que de forma coloquial, se hace de ellas.

Ejemplo de esas situaciones graciosas o algo comprometidas que genera la literalidad frente a la coloquialidad es la divertida novela de Ramón J. Sender “La tesis de Nancy”. Como decía, uno de mis mayores placeres no es tirarle los trastos a alguien, expresión que de manera informal indica la intención de ligar, sino la de sacar los trastos, hacer ciertas reflexiones sobre ellos y decidir cúal va a ser su futuro.

Claro que una de esas decisiones puede ser tirarlos cuando su estado no permita otras opciones. Comienza Diciembre, estamos en los albores de la Navidad y nos ponemos en marcha con los preparativos, entre ellos, adornar la casa.

Generalmente, el cuarto trastero da cobijo a todas las cajas, bolsas o contenedores en los que reposa la decoración navideña hasta que le llega su momento de gloria, ahora.

Aprovechando esta circunstancia y lo proclives que nos hace la Navidad para los buenos propósitos, sería la ocasión perfecta para “destrastar” el trastero con varias finalidades.ç

Desalojarlo para darle un buen repaso de limpieza. Aunque sea el cuarto de los trastos, también se merece un poquito de agua, jabón, bayeta y fregona.

Una vez hemos saneado el continente el siguiente paso es sanear el contenido, es decir, poner en juego la honestidad y el sentido común para decidir qué es lo que debe seguir ocupando un sitio en esa noble habitación y qué es lo que no merece permanecer.

El producto de nuestra generosidad en ese proceso de descarte puede engrosar el stock de esos bazares o mercadillos benéficos que abundan en estas fechas, lo cual le dará un valor añadido a nuestro ejercicio de desapego.

Impregnados por el espíritu de la Navidad y permitiéndonos alguna que otra licencia con el lenguaje podemos jalear la operación trastero con el siguiente trabalenguas: El trastero está lleno de trastos. ¿Quién lo “destrastará”? El “destrastador” que lo “destraste”, buen “destrastador” será.