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Reciclar

Marisa Morell | 10 de Septiembre de 2020 |

Se calcula que cada uno de nosotros generamos más de un kilo de basura diariamente entre restos de comida, envases de todo tipo de productos, etc.

Cuando depositamos una bolsa de basura en el contenedor o, incluso, antes cuando salimos con ella a cuestas, para tirarla, tenemos la sensación de haber liberado nuestra casa de algo nocivo, sucio y pestilente. Y, ya no pensamos más en ello, salvo que en esa basura haya caído, por descuido, alguna apreciada pertenencia. En ese caso sí que nos planteamos dónde habrá ido a parar.

Desgraciadamente, la basura no desaparece así como así, alrededor de un 30% se recicla, el objetivo es llegar al 50%, un 10% se incinera y el resto va a un vertedero.

Los vertederos controlados se ubican en lugares alejados de zonas habitadas, terrenos de cultivo y aguas potables. El terreno se cubre con un revestimiento impermeable que evita la contaminación del suelo y las aguas subterráneas y la basura, previamente, triturada y compactada, queda depositada en él, para que el paso del tiempo se encargue de descomponerla.

En las plantas incineradoras los residuos se introducen en un horno donde se secan y después pasan por dos fases de combustión que convierte en cenizas hasta los materiales más resistentes.

Esas cenizas circulan por unos canales de agua donde se enfrían y se transforman en barro.

Gracias a sus sistemas de filtrado se evita que los gases resultantes deterioren el medio ambiente.

En las plantas de reciclaje se procesan los residuos para convertirlos en nuevos productos o en materia prima, lo cual, de forma directa o indirecta, nos beneficia a todos.

La materia prima obtenida por un proceso de reciclaje reduce la explotación de recursos naturales para la obtención de nueva materia prima. De esta forma, preservaremos nuestros bosques para que sigan actuando como purificadores del aire del planeta.

Gracias al reciclaje los tetrabriks vuelven a tener vida útil reconvirtiéndose en cajas de zapatos. Las latas de refrescos se pueden reciclar de forma ilimitada y a partir de ellas podemos fabricar, por ejemplo, la llanta de una rueda.

Cada uno de los productos, que una vez usados, para nosotros son simplemente basura, podemos comprobar que pueden tener una segunda vida y pueden contribuir a una mejora del medio ambiente siempre y cuando hagamos un acto de responsabilidad introduciéndolos en el contenedor que corresponda.

Sé que en muchas casas darle sitio a varios cubos de basura no es fácil, pero hay diferentes soluciones, cubos pequeños, un solo cubo compartimentado, tipo mueble con puertas abatibles donde se alojan los distintos cubos, etc.

También, es frecuente, que tengamos dudas sobre dónde se tira tal cosa u otra.

Por ello, en el próximo post haremos un repaso de los distintos tipos de contenedores y según su color qué debemos tirar en cada uno de ellos.

Saber y enseñar a los más pequeños a clasificar la basura es un pequeño gran paso para un mundo mejor.