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El virus que vino a cenar

Marisa Morell | 26 de Noviembre de 2020 |

El año pasado, por estas fechas, escribí un post en el que os animaba, dada la cercanía de la Navidad, a ir aplicando el espíritu previsor, como mejor aliado, para llegar, de la manera más desahogada posible, a todos esos compromisos, propios de estas fiestas.

Esos compromisos abarcan las comidas y cenas familiares de los días más señalados, otras comidas o cenas en las que nos reunimos con amigos o compañeros de trabajo, la compra de regalos, llamadas a personas con las que contactamos de tarde en tarde, pero, con motivo de la Navidad, volvemos a saber de ellas.

A grandes trazos, esa es la descripción de los quehaceres navideños de la mayoría de nosotros, cuando reinaba la tan añorada normalidad.

Ajenos a lo que se nos venía encima, hace un año, estábamos pensando en ir sacando el nacimiento, el árbol, las lucecitas.

Los telediarios hablaban del precio del marisco, del cordero, que ya iban subiendo.

Entrevistaban en el mercado a una señora que ya había comprado las viandas para Nochebuena y las iba a congelar porque más adelante el precio sería mucho más caro.

Y, más de lo mismo, si recordamos años anteriores.

Recibíamos 2020, con la alegría de empezar un año nuevo, del que siempre esperamos que mejore el anterior.

Con lo difícil que es ponernos de acuerdo, creo que por una vez y desde cualquier rincón del mundo, nadie dudaría en calificarlo como “annus horribilis”.

El repaso de los acontecimientos vividos serviría como argumento para una novela o guión de una película de ciencia ficción.

Lo triste es que ha pasado de verdad.

Esta Navidad, por muchas razones, va a ser distinta a otras.

A la hora de planificarlas debemos tachar de la lista las comidas o cenas de empresa o con un amplio grupo de amigos.

No será necesario ampliar la mesa de comedor ni colmarla de platos para celebrar la Nochebuena, la Nochevieja o las comidas de Navidad o Año Nuevo porque la mayoría de nuestros invitados como la prudencia, el sentido común o la ventilación no ocupan sitio y no toman nada.

Es responsabilidad de todos que estas fiestas no supongan un aumento de contagios, es más, podríamos dar una lección de civismo si como regalo de Navidad conseguimos bajar esa cifra.

No invitemos al virus a cenar porque, luego, no es tan fácil echarlo.