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Preparando la Navidad

Marisa Morell | 10 de Diciembre de 2020 |

A todos los que nos gusta planificar y organizar las celebraciones navideñas con tiempo, este año nos lo han puesto un poco más difícil.

En la mente de la mayoría de nosotros está la preocupación por hacerlo bien y, es por eso, por lo que le damos mil vueltas a la cabeza, para dar con la formula que permita reunirnos sin correr riesgos.

De todas las combinaciones posibles las más seguras incluyen un elemento, precisamente el que menos nos gusta, el sacrificio.

Serán unas Navidades diferentes, haciendo juego con lo que ha sido el año.

Un año en el que ha saltado por los aires nuestra forma de vida, nuestros hábitos y todo aquello que formaba parte de nuestro día a día y que considerábamos que nada ni nadie podía alterar.

El año que se va nos ha hecho ver nuestra fragilidad y la de todo lo que nos rodea, lección que no debemos olvidar.

Por ello, estas fiestas tienen que tener un denominador común: celebrar con seguridad.

Las semanas anteriores os hablaba de contar entre nuestros invitados más ilustres a la prudencia, la responsabilidad y el sentido común, para conseguir ese objetivo.

Pero el espíritu navideño también debe corretear por nuestras mesas y para ello vamos a invitar también a la ilusión, la esperanza, el ánimo y la fuerza para que nos ayuden por un lado a sobrellevar esos pequeños sacrificios que tendremos que hacer en aras a la seguridad y por otro lado a mirar hacia delante con el propósito y el deseo de recuperar nuestra forma de vida tal como era.

Con el motor lleno de ilusión, ánimo y esperanza nos ponemos en marcha con los preparativos.

Una vez aplicado el criterio de prudencia, en cuanto al número de comensales, habrá que tener en cuenta que, en esta ocasión, si somos menos, no será necesaria tanta cantidad de comida.

Es importante tenerlo en cuenta al hacer la compra, no se nos vaya el santo al cielo y nos pongamos a comprar como si fuéramos a recibir a un regimiento.

Es posible que un numero más reducido de invitados os dé opción a preparar un menú diferente al que acostumbrabais.

Es aconsejable que para las cenas nos decantemos por elaboraciones más ligeras y, por tanto, más fáciles de digerir.

Hay que hacer una puesta a punto del servicio de mesa.

Es el momento de sacar ese mantel tan bonito que otras Navidades no podíais utilizar porque se quedaba pequeño. Como hace mucho que no se utiliza habrá que lavarlo y plancharlo para que luzca con todo su esplendor.

Tendremos preparado un muletón para colocar debajo del mantel y así proteger la mesa de golpes y del calor de los platos.

Pasaremos revista a la vajilla, cristalería y cubertería, es posible que necesiten una sesión de lavado y abrillantado.

Estamos ante unas fiestas con un carácter muy familiar, por ello, desde el más pequeño hasta el más grande de la familia deben colaborar en los preparativos para que cuando llegue el momento de la celebración todos puedan disfrutar por igual.

Algunos matices las harán diferentes pero, al fin y al cabo, Navidades son.