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El arte de poner la mesa

Marisa Morell | 16 de Diciembre de 2020 |

Me encantan las casas y todo aquello que hace que sus estancias tengan aroma de hogar.

Sin olvidarnos que las personas que las habitan y la forma de relacionarse entre ellas son la clave para que el ambiente transmita armonía, paz, amor, también el orden, la limpieza, la decoración contribuyen en gran medida a que unas paredes apoyadas en un suelo y un techo se transformen dando lugar a espacios acogedores que pueden ser el entorno ideal que facilite esas relaciones.

El salón, el comedor son estancias que suelen ser compartidas por todos los miembros de la familia.

La mesa de comedor cumple una función que va más allá de ser una pieza que consta de un tablero y unas patas sobre la cual podemos apoyar el servicio de mesa para comer.

Sentarse alrededor de ella, durante la comida o la cena, brinda la oportunidad, a todos, de comunicarse entre sí. Por eso, es momento de apartar teléfonos móviles, pantallas de televisión o tablets y propiciar que la conversación fluya.

Un hábito que da a la casa calor de hogar.

Igualmente, ese ambiente acogedor puede envolver a familiares y amigos, con los que no convivimos, cuando les invitamos a compartir nuestra mesa.

Una comida o una cena en casa nos da la oportunidad de ponernos al día sobre las vivencias, preocupaciones o anécdotas de esas personas cercanas o candidatas a serlo.

De ahí la importancia de una simple mesa de comedor y, por tanto, cuando se presenta una ocasión en la que va a tener un especial protagonismo, como puede ser ahora en Navidad o en cualquier otro tipo de celebración, merece que esté bien presentada.

Es un regalo a los sentidos, con el cual nuestros invitados se sentirán agasajados y los predispone a disfrutar de la comida, de la compañía y la conversación.

Si os parece, vamos a ir poniendo la mesa con tiempo, con esmero, cuidando los detalles.

Antes de vestir la mesa con un mantel vamos a protegerla colocando sobre el tablero un muletón.

Elegiremos un mantel bonito adecuado al tipo de comida o cena que vamos a dar. Debe colgar como mínimo entre 15 ó 20 cm alrededor de la mesa, pero cuanto más cuelgue, incluso si pisa el suelo, más elegante resultará.

Los adornos para el centro de mesa no deben ser muy altos para no impedir la comunicación entre comensales.

Situaremos la vajilla frente a los puestos de cada comensal, dejando unos 3 cm con respecto al borde de la mesa.

El platillo para el pan, en el lado izquierdo, delante de los tenedores.

Los cubiertos, por orden de uso, de fuera hacia dentro.

El cuchillo se coloca a la derecha del plato con el filo hacia adentro.

La cuchara a la derecha del cuchillo, boca arriba.

El tenedor a la izquierda del plato, con las puntas hacia arriba.

Con respecto a los cubiertos de postre tenemos dos opciones colocarlos en la parte superior del plato o ponerlos cuando éste se vaya a servir.

Las copas las situaremos delante del plato o incluso un poco desplazadas a la derecha.

El orden más frecuente es por tamaño: agua, vino tinto, vino blanco y champagne.

Si queremos asignar un sitio a cada comensal utilizaremos tarjetas de mesa.

En cuanto al uso de servilleteros no está permitido en una mesa formal, sin embargo, si no lo es tanto, pueden convertirse en un elemento decorativo más.

Para terminar un consejo. Para hacerlo bien con todo cuidado y detalle es mejor dejar la mesa preparada el día anterior, de esta manera, al día siguiente nuestra única ocupación serán los fogones.