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El haiga

Marisa Morell | 26 de Julio de 2021 |

Haiga es un termino aceptado por la RAE, que significa coche grande y ostentoso.

La historia de esta palabra, que ahora contaré, es la muestra de como el diccionario se alimenta, no solo de términos cultos, sino del triunfo del mal uso de una palabra, hasta tal punto, que consigue ocupar un sitio en el diccionario con la misma dignidad que el resto. Hay quien pone, este sustantivo, en boca de aquellos que se enriquecieron en España durante la posguerra con el negocio del estraperlo. Otros apuntan hacia los llamados indianos que regresaron con los bolsillos llenos tras hacer las Américas.

En cualquiera de los dos casos se trataba de nuevos ricos que, aunque listos y espabilados para los negocios, de cultura y estudios andaban escasos. Aún hoy, un coche, en muchos casos, es un signo de ostentación, por tanto, cabe imaginar que en aquellos años, en los que un país arrastraba las penosas consecuencias económicas de una guerra, poseer un automóvil traspasaba los límites del lujo y la opulencia.

Como para estos “nuevos ricos” el dinero no era problema y las ganas de presumir y ostentar les apretaban, con la soltura y el atrevimiento propios de la ignorancia, pedían al vendedor: “el coche más grande y más caro que haiga”.

Desde entonces mucho han cambiado las cosas.

Ha mejorado el nivel cultural y a la hora de comprar un automóvil las opciones o preferencias pueden ser de muchos tipos, pero, no necesariamente, pasan por querer el más grande y el más caro.

Pensando en las tres uves, verano, vacaciones y viajes, me ha parecido que no nos vendría mal darle un repaso al haiga, es decir, a nuestro coche.

Es, para muchos, el medio de transporte elegido para llegar al destino vacacional y para recorrer rincones remotos de nuestra geografía, entre otras cosas porque nos da la libertad de poder movernos sin estar condicionados por los horarios y tiempos de espera de trenes y aviones.

Queremos que nuestro viaje en coche sea, ante todo, seguro, por ello hoy os quiero recordar que hay dos factores fundamentales para conseguir la mayor seguridad posible al volante: factor humano y factor vehículo.

Antes de emprender un viaje el vehículo debe estar en perfectas condiciones.

Neumáticos, sistemas de frenado y amortiguación son básicos de la llamada seguridad activa, formada por todos aquellos elementos o sistemas que pueden evitar accidentes.

Seguir las pautas de mantenimiento indicadas por el fabricante en lo relativo a los cambios de aceite y líquido refrigerante es clave para no darle mala vida al motor.

Revisar los sistemas de seguridad pasiva como la elasticidad de los cinturones de seguridad o la correcta colocación de los sistemas de retención infantiles, además de utilizar el adecuado a la talla y peso del niño.

Ahora vamos a tocar el factor humano, responsable de la mayoría de los accidentes de tráfico.

Sentarse a conducir es algo, para muchos, tan de todos los días, que se olvidan del ejercicio de responsabilidad que supone ponerse a los mandos de un coche y, derivado de ello, vienen los problemas, algunos de consecuencias trágicas.

El estado físico y psíquico del conductor es la base de una conducción segura, totalmente incompatible con los efectos del alcohol, las drogas, de algunos medicamentos o del propio cansancio.

Pongamos todo de nuestra parte para que se cumpla el propósito de nuestras vacaciones: ir, volver y, entremedias, pasarlo bien.