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En compañia de las ondas

Marisa Morell | 21 de Septiembre de 2021 |

A lo largo de estos casi dos años, en los que semanalmente me siento frente al teclado y la pantalla del ordenador a escribir un pequeño artículo o post, como lo queramos llamar, para el blog de mi página web, he ido tratando temas, como es lógico, relacionados con la organización y el orden aplicados a muy diferentes ámbitos pero, en muchas ocasiones, acontecimientos que nos afectaban y siguen haciéndolo como la pandemia o algún run run interno que pedía salir fuera me han llevado a escribir más allá de lo relacionado con la organización profesional.

Mi lado racional propone algunos temas y mi lado emocional propone otros. Y de esa manera, semana a semana va saliendo un nuevo post.

Escribir sobre la radio, era una de esas ideas que me rondaba desde hace tiempo.

Podría decir que la propuesta venía por partes iguales de lo racional y de lo emocional.

Para el día de hoy, mi elección había sido otra, que esperará a la semana que viene porque una triste noticia le ha dado la vuelta a lo planificado haciéndome ver que hoy tenía que escribir sobre mi relación con las ondas.

Soy madrugadora y me encanta que alguien haya madrugado más que yo para poder contarme lo que hasta ese momento ha pasado en el mundo.

Sé que ese gesto de conectar la radio nada más levantarme es compartido por millones de personas.

Al igual que, para muchos, es el bálsamo de la paciencia que hace más llevadero el atasco de primera hora o los trayectos de tren, autobús o metro.

Infinidad de emisoras, infinidad de programas con infinitas temáticas, cada uno elige.

La radio es mucho más respetuosa con nuestros quehaceres que la televisión, ya que la imagen, inevitablemente, nos distrae de nuestras tareas mientras que solo la voz nos instruye, nos informa o nos deleita sin restarnos eficiencia.

Alivio para la soledad de muchos.

La fidelidad a un programa de radio te une a los profesionales que lo hacen, de tal manera, que hablas de ellos como si fueran personas de tu entorno más cercano aunque, en muchos casos, no les puedas poner cara.

Hoy, una de esas personas a las que nunca he tenido de frente pero que me era muy familiar porque su voz me ha acompañado las mañanas de los fines de semana durante muchos años se nos ha ido.

Inesperado por su juventud, porque no ha habido una enfermedad de por medio.

Ocurre aunque a todos nos parezca que no tocaba.

Inteligente, culta, con una memoria envidiable, devorando libros durante la semana para, después, hablarnos de ellos o entrevistar a sus autores y, en mi caso, poniéndome los dientes largos porque todos me los quería leer.

De hecho, tengo en mi librería esperando, en la casilla de salida, una de sus recomendaciones. Por ella, hoy, tenía que escribir sobre la radio.