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Refugio de invierno.

Marisa Morell | 04 de Noviembre de 2021 |

No sé si es que el verano no se quiere ir o es que el invierno no quiere venir. Lo cierto es que el estío se ha alargado dejándonos su mejor versión, temperaturas cálidas sin llegar a los excesos de julio y agosto.

Hay un signo inequívoco que indica que esta bonanza va tocando a su fin.

El sol se retira a sus aposentos cada día más pronto y nos deja más horas sin su preciada luz.

Ese, junto con la bajada de temperaturas, son los rasgos más característicos del invierno.

Esos cambios traen a su vez otros cambios, a los cuales debemos adaptarnos con la mejor disposición porque cada momento del año tiene su encanto y hay que sacarle partido.

En contraposición al verano en el que prima la vida al aire libre, en invierno nuestras casas se convierten en el refugio que nos protege del frío y, lo que es más deseable, en el que recibimos calor de hogar.

El calor de hogar es algo que flota en el ambiente y, que, con independencia de la temperatura exterior, debe funcionar siempre a su máxima potencia.

Que importante es sentirse bien en casa.

Hay quien no ve el momento de traspasar el umbral de la puerta y se enreda en mil actividades o supuestas obligaciones que le mantienen fuera para retrasar el trance.

Y, aunque se empeñen en convencerme de las virtudes de esa ajetreada vida, a mí, a lo mejor me equivoco, me da la sensación de que la estufa, la que da calor de hogar, no les funciona.

Por no hablar de las bondades que nos proporcionan los ratos de aburrimiento en los que podemos descubrir facetas o capacidades que hasta ahora no habían aflorado.

Insisto en que puede ser una errónea percepción mía y, por ello, hoy me voy a dedicar a abrigar la casa para que cuando se nos eche encima este invierno remolón no nos coja desprevenidos.

Ha llegado el momento de sacar mantas, colchas, edredones, que, en algunos casos, tanto costo guardar por lo que abultaban.

Ahora recogeremos el fruto de lo sembrado, me refiero a que si las guardasteis limpias lo único que tendremos que hacer con ellas es colocarlas en sus correspondientes camas.

Debemos revisar el estado de los cerramientos y poner los remedios necesarios para que ese calor, que tan caro nos va a resultar generar, no se escape por las ventanas.

Persianas, cortinas, estores, todo ayuda a evitar que el frío traspase por los cristales.

Para estar en casa debemos utilizar ropa cómoda y abrigada.

Pasear por ella en camiseta de manga corta, será, en muchos casos, el resultado de una calefacción excesiva que no nos beneficia en muchos aspectos.

Vamos a disfrutar de riquísimos platos de cuchara, que en verano no nos apetecían, de un café humeante, de una infusión o, todavía mejor, de un chocolate a la francesa, ligero o a la española, de los que aunque estén en taza, necesitan cuchillo y tenedor.

Sofá, peli y manta para los fines de semana lluviosos.

He hecho todo lo posible por convenceros y convencerme sobre lo idílico que puede llegar a ser el invierno, aun a pesar de que uno de mis motores es el buen tiempo, pero ya sabéis “cuando no puedas vencer a tu enemigo únete a él”.

Feliz invierno.