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Jugar con la imaginación.

Marisa Morell | 11 de Noviembre de 2021 |

Escuchar a diario las noticias es ir de sobresalto en sobresalto.

Todos los días, sin excepción, el porcentaje de tragedias y malos presagios supera con creces a las informaciones más afables o esperanzadoras.

Salvo que los fríos invernales le vuelvan a dar alas al, desgraciadamente, famoso virus, parece que con la vacunación lo vamos metiendo en cintura, con lo cual, de momento y ojalá sea así, ha cedido el primer puesto en los noticieros a sucesos de otra naturaleza, como el del volcán que escupe lava y dolor a partes iguales.

Hasta que en la crónica, hablada o escrita, aparezca una buena nueva habremos pasado por un sinfín de desgracias acaecidas, más otras que apuntan maneras o están al caer. En el terreno de los malos augurios andan en juego algunos balones, entre ellos, el desabastecimiento.

Parece que la escasez de ciertos componentes están poniendo en jaque a ciertas industrias como la del automóvil o la del juguete. Según nos cuentan puede que Los Reyes Magos y Papá Noel tengan dificultades para satisfacer los deseos de los niños.

Por ello, nos dicen que sería deseable que los más pequeños escriban sus cartas cuanto antes para que los correspondientes departamentos de logística en el Lejano Oriente o en la Laponia finlandesa puedan hacer acopio de todo lo que van a necesitar. Pero no creo que sea esa la única fórmula para facilitar el trabajo de estos mágicos personajes de la Navidad.

Hay un juego divertido, solidario, especialmente beneficioso para sanear el espacio y para que padres e hijos ejerciten juntos el desapego. Se llama descarte y si queréis conocer las reglas están descritas en un post que escribí, aproximadamente, hace un año que se titula “Jugando al descarte”.

Es muy posible que el resultado pueda cubrir con creces cualquier posible desabastecimiento porque todo aquello con lo que unos niños ya no juegan puede recobrar vida en manos de otros.

También podemos aprovechar la coyuntura para tomar conciencia, especialmente desde el mundo adulto, que la ilusión no tiene por qué ir ligada a la cantidad. Fiestas de cumpleaños y celebraciones navideñas en las que la catarata de regalos empieza a inculcarles la abundancia como forma de vida.

La tercera vía para minimizar el efecto escasez en las estanterías de las grandes superficies o almacenes de juguetería es fomentar la creatividad. Una cartulina, tijeras, cordel, pegamento y esa caja llena de botones que todos tenemos en casa abre un universo de posibilidades.

Fomentar el desarrollo de la imaginación en los niños es uno de los mejores regalos que pueden recibir.

Sus beneficios les acompañaran a lo largo de toda su vida.

Por lo tanto, creo que no va a ser necesario apremiar a los peques con la famosa carta ni enviarla por correo urgente. Desde la nada puede surgir el infinito mundo de la fantasía.